lunes, 4 de enero de 2010

Cuba en la vanguardia de la historia (Atilio Borón)

Es una tarea ciclópea resumir en unas pocas líneas el significado de un algo tan especial como la Revolución Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento “histórico-universal.” Una revolución que destruyó mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolución jamás podría triunfar en una isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jamás permitiría la existencia de un país socialista en su patio trasero; que la revolución era impensable en un país subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido “marxista-leninista” conduciendo la insurrección de las masas. Todos estos pronósticos, y muchos otros que sería largo enumerar, fueron refutados por el triunfo del Movimiento 26 de Julio y la consolidación y heroica sobrevivencia de la Revolución Cubana.

En efecto: ha sido -y sigue siendo- una hazaña resistir a medio siglo de un bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad y que año a año es condenado por casi todos los países de la ONU, con la excepción de Estados Unidos y un puñado de sus indignos “estados-clientes”. Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina (o cualquier otro país) ante un bloqueo de apenas un año, limitando drásticamente desde la importación de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este país se habría desintegrado producto de la conmoción social y la crisis integral que los sufrimientos y privaciones del bloqueo habrían desencadenado.

Es precisamente por eso que quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus políticas de permanente bloqueo y agresión hacia Cuba debería abstenerse de formular cualquier tipo de crítica a la revolución. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de la isla -especialmente el “progresismo bienpensante”, una especie ampliamente difundida en la región- no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la revolución sin hacer la menor mención al influjo radicalmente desestabilizador de la política del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todavía en Cuba pero, ¿cómo explicar esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, según cálculos muy conservadores, oscila en torno a los 93.000 millones de dólares, una cifra dos veces superior al Producto Bruto de Cuba, más allá de otras consecuencias que trascienden lo económico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la población? Cualquier crítica a la política, la economía o la sociedad cubana que no comience por un análisis del bloqueo y su demoledor impacto termina siendo -involuntariamente pero eso no importa- objetivamente reaccionaria. Equivaldría, salvando las distancias, a criticar a los judíos que lucharon con extraordinaria valentía y dignidad en la defensa del ghetto de Varsovia por su incapacidad para resistir a los embates de la maquinaria militar de los nazis, explicando su aniquilamiento como producto exclusivo de la situación interna del ghetto e ignorando por completo el contexto más amplio que hizo posible su derrota.

A las restricciones propias del bloqueo habría que agregar, entre muchas otras, el humillante servilismo de la casi totalidad de los países de la región, con la honrosa excepción de México, que ante un úkase del imperio cortaron relaciones con la patria de Martí a partir de 1962, profundizando los efectos deletéreos del bloqueo. Pese a ello, los cincuenta años de la revolución encuentran a Cuba sólidamente a la cabeza en una amplia diversidad de índices de desarrollo social. Este es un asunto que ya se da por descontado pero conviene recordarlo puesto que tales logros se alcanzaron bajo la hostilidad permanente de Estados Unidos y debiendo además sobreponerse a las tremendas consecuencias derivadas de la implosión de la Unión Soviética y la desaparición del Comecón. Los otros países de la región, rutinariamente cubiertos de elogios por la prensa imperialista y sus voceros en el mundo político, registran índices de desarrollo social muy inferiores –en algunos casos vergonzosamente inferiores- a los cubanos pese a que a lo largo de este medio siglo contaron con el permanente apoyo financiero y político de Washington. Un solo indicador habla con elocuencia: la tasa de mortalidad infantil por cada 1.000 nacidos vivos coloca claramente a Cuba por encima de cualquier otro país de las Américas, con un nivel semejante al de Canadá (5/1000) y aventajando a Estados Unidos (7/1000), para no hablar de países como Argentina, Brasil, México en donde estas tasas triplican o cuadruplican a las cubanas.

Este cincuentenario plantea renovados desafíos a la Revolución Cubana, originados en: (a) los grandes cambios que caracterizan a la economía mundial y que provocan la obsolescencia del viejo modelo de planificación ultra-centralizada; (b) la creciente beligerancia de un imperialismo que se enfrenta con renovadas resistencias a lo largo y ancho del globo, sobre todo luego de la crisis global estallada pocos meses atrás; y, (c) la necesidad de renovar el impulso revolucionario y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones. Desafíos que requieren de respuestas innovadoras pero, como el mismo Fidel lo recordara, para nada significa caer en el “error histórico” de creer que “con métodos capitalistas se puede construir el socialismo.” En otras palabras: la indispensable reforma que Cuba necesita no puede significar la reintroducción de métodos capitalistas en la gestión de la economía, como se hizo en China o Vietnam. Cuba, colocada una vez más en la vanguardia de la historia, como a mediados del siglo pasado, deberá transitar por un estrecho sendero en donde se mantenga la planificación de las actividades económicas y el papel rector del estado pero apelando a estructuras más flexibles de planificación y control y a procesos más ágiles de conducción y ejecución. De lo contrario las desigualdades se multiplicarían y la corrupción y la desmoralización resultante de las mismas podrían, al cabo de un tiempo, debilitar irreparablemente el impulso revolucionario y favorecer los planes de la reacción imperialista. Fue ese el mensaje claramente expresado por Fidel en su discurso de Noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana. Por eso Cuba está a la vanguardia de la historia, realizando un experimento sin precedentes: reformar al socialismo pero profundizando el socialismo. Al igual que antes, Cuba rompe con todos los manuales y con el saber convencional. Estamos seguros que también en esta oportunidad el éxito rubricará su osadía.

Una reflexión final: imaginemos lo que habría sucedido en América Latina si la Revolución Cubana hubiese sucumbido ante las agresiones del imperialismo o como consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética. La respuesta es clara y contundente: en tal hipotético caso nuestra historia habría sido radicalmente diferente. Sin el fuego emancipador preservado heroicamente por Cuba durante medio siglo los pueblos de las Américas difícilmente habrían tenido la inspiración y la audacia para resistir la renovada opresión de que eran objeto y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales. Fue su vibrante ejemplo el que incendió la pradera de América Latina en los años sesentas, lo que alimentó las grandes movilizaciones que impulsaron el ascenso de la Unidad Popular en Chile y el triunfo de Héctor Cámpora en la Argentina. Fue su ejemplo el que abrió el espacio para el giro radical de Juan Velasco Alvarado en el Perú y para la instauración de la Asamblea Popular y el gobierno de Juan José Torres en Bolivia; fue el rotundo mentís que Cuba le propinó al fatalismo y al inmovilismo lo que nutrió la insurgencia constitucionalista del Coronel Francisco Caamaño Deñó en la República Dominicana ultrajada por el invasor yankee. Fue la inconmovible lealtad y solidaridad de Cuba con todos los pueblos en lucha lo que hizo posible resistir las atrocidades de las dictaduras que asolaron la región en los años setentas y, entre tantas otras cosas, asegurar el triunfo del Sandinismo en Nicaragua y, con el sacrificio de sus hijas e hijos derrotar al apartheid sudafricano y garantizar la independencia de Angola. Fue la inconmovible fortaleza de Cuba la que la convirtió en referencia obligada cuando, a mediados de los ochentas, el continente retomaba el escarpado –¡y todavía inconcluso!- sendero de la “transición democrática” agobiado por el peso de una deuda externa que ya en 1985 la definió en La Habana como “incobrable e impagable”. Ejemplo que adquirió dimensiones gigantescas cuando la isla demostró ser capaz de resistir a pie firme el derrumbe de los mal llamados “socialismos realmente existentes”, desplomados precisamente por no ser socialismos. Y la isla resistió en esos terribles momentos las presiones y los cantos de sirenas de los agentes del imperialismo y sus publicistas (entre los cuales sobresale por su dedicación el lobbista número uno de las transnacionales españolas: Felipe González) que le recomendaban a La Habana “volver a la sensatez” y olvidarse de la revolución, para re-emerger victoriosa, como el ave Fénix en medio de la debacle de la Unión Soviética y el Comecón para animar a los pueblos del mundo entero a decir ¡basta! Es en este escenario, que lleva la marca indeleble de la resistencia de Cuba como una de sus señas de identidad, que irrumpe la Revolución Bolivariana y la figura excepcional de Hugo Chávez, mientras que más al sur Rafael Correa ponía en marcha su Revolución Ciudadana y en la Bolivia del Che un extraordinario dirigente cocalero, Evo Morales, se proyectaba como el líder de un pueblo en pos de una reivindicación que se le debía desde hacía más de cinco siglos. Hay también otros procesos en marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y, en general, en casi toda nuestra geografía. Con características externas diferentes según los casos pero, invariablemente –al menos en el espíritu de los pueblos- como expresión de un intransigente rechazo al imperialismo, al capitalismo y las políticas neoliberales que rara vez se refleja en las políticas que propician esos gobiernos.

Todo esto no habría sido posible si Cuba hubiera sido derrotada en Girón, o si sus hombres y mujeres hubiesen defeccionado, abandonando sus ideales, ahogando la antorcha que con tanto esfuerzo y dignidad sostuvieron en alto durante medio siglo. Por eso la deuda de los pueblos latinoamericanos –y en gran medida también los del África Sub-sahariana- con la Revolución Cubana es inmensa. Una revolución cuyo internacionalismo la llevó a apoyar a todos los movimientos de liberación nacional de América Latina y el Caribe, a todos los gobiernos que sinceramente se proponían cambiar las vetustas e injustas estructuras de nuestras sociedades y a derrotar, empuñando las armas, a los fascistas sudafricanos apoyados por las “democracias occidentales” bajo la conducción de Estados Unidos. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente hoy Cuba inunda al Tercer Mundo de médicos, enfermeros, maestros, instructores deportivos; una revolución que siembra educación, salud y vida, contra un imperio y sus aliados que siembran ignorancia, destrucción y muerte. Por eso, y por tantas otras cosas que sería imposible siquiera nombrar, vaya nuestra eterna gratitud para con el pueblo y el gobierno cubanos, para Fidel y para Raúl, y antes para el Che, para Camilo, para Haydée, y tantos otros héroes anónimos, cubanas y cubanos que con su lucha cotidiana y su tenacidad de hierro hicieron posible la sobrevivencia de la revolución y el renacimiento de las perspectivas del socialismo en América Latina.

Atilio Borón, 2-1-2009, extraído de:

http://agora-la-revista.blogspot.com/

Entrevista a Eduardo Galeano (Ana Delicado, diario Público)

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano se consagró hace casi 40 años con el libro Las venas abiertas de América Latina, la obra que el presidente venezolano, Hugo Chávez, escogió para regalarle a su homólogo estadounidense, Barack Obama. Pero la fascinación que Galeano despierta perdura hasta hoy. Un testimonio cotidiano de esa admiración: durante la entrevista, que se realiza en un café de Buenos Aires, un hombre se acercó con discreción con su hija y se sentó en una mesa cercana para poder escucharle. Su último libro, Espejos, habla de un mundo contradictorio que tiene miedo de mirarse, y de reconocerse.

¿Cómo define América Latina?

Es una tierra de encuentros de muchas diversidades: de cultura, religiones, tradiciones, y también de miedos e impotencia. Somos diversos en la esperanza y en la desesperación.

¿Cómo incide esa variedad en el presente?

En estos últimos años hay un proceso de renacimiento latinoamericano en el que estas tierras del mundo comienzan a descubrirse a sí mismas en toda su diversidad. El llamado descubrimiento de América fue, en realidad, un encubrimiento de la realidad diversa. Este es el arcoiris terrestre, que ha sido mutilado por unos cuantos siglos de racismo, de machismo y de militarismo. Nos han dejado ciegos de nosotros mismos. Es necesario recuperar la diversidad para celebrar el hecho de que somos más que lo que nos dijeron que somos.

¿Esa diversidad puede ser un impedimento para la integración?

Creo que no. Toda unidad fundada en la unanimidad es una falsa unidad que no tiene destino. La única unidad digna de fe es la unidad que existe en la diversidad y en la contradicción de sus partes. Hay una triste herencia del estalinismo y eso que llamaron socialismo real a lo largo del siglo XX que ha traicionado la esperanza de millones de personas justamente porque impuso ese criterio, el de que la unidad es la unanimidad. Se confundió así la política con la religión. Se aplicaron criterios que eran habituales en los tiempos de la Santa Inquisición, cuando toda divergencia era una herejía digna de castigo. Eso es una negación de la vida. Es una suerte de ceguera que te impide moverte porque el motor de la historia humana es la contradicción.

¿La diversidad puede establecer caminos de vida irreconciliables?

No siempre. En cualquier caso, no hay que tenerle miedo a la verdad de la vida. Hay que celebrarla, porque lo mejor que tiene la vida es su diversidad. El sistema que domina el planeta nos propone una opción muy clara. Hay que elegir, a ver si querés morirte de hambre o de aburrimiento. Yo no me quiero morir de ninguna de las dos. El sistema dominante de hoy nos impone una verdad única, una única voz, la dictadura del pensamiento único que niega la diversidad de la vida y que por lo tanto la encoge, la reduce a la casi nada. Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que él alberga, y eso vale a su vez para América Latina. Lo mejor de ella es la cantidad de Américas que contiene.

Hablaba de un redescubrimiento latinomericano. ¿Un ejemplo?

Bolivia, con Evo Morales, ha redescubierto su diversidad con mucha dignidad y con el orgullo de decir: “Somos diversos, y somos indígenas. Pero no sólo indígenas. Somos diversos”. Claro que Bolivia es un país como Paraguay, y hasta cierto punto Uruguay, sometido en cierta medida al peso avasallante de los vecinos grandes, y sobre todo de Brasil, que hoy por hoy se opone a que en el Banco del Sur cada país tenga un voto.

¿Cuál es la fuerza de ese proyecto?

El Banco del Sur es la base financiera de la unidad latinoamericana, un proyecto de Chávez, por cierto. Nace como una respuesta a la dictadura financiera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, en donde no rige el sistema de “un país, un voto”. Los votos dependen del capital invertido: tanto dinero, tantos votos, de modo que el Fondo está dirigido por cinco países, y el Banco por ocho, aunque uno se llame Mundial y el otro Internacional.

¿Se puede recuperar un funcionamiento democrático?

Es muy difícil, por la sencilla razón de que la democracia ha sido más formal que real en los procesos históricos latinoamericanos; y en las democracias, para que lo sean de verdad, no tienen que regir relaciones verticales o jerárquicas, donde hay un mandón y un mandado. Tienen que ser horizontales, solidarias, entre iguales capaces de respetarse y reconocerse, porque la verdad es que no nos conocemos. Tenemos que conocernos para empezar a reconocernos, para saber todo lo que podemos aprender del otro. Desde la conquista española hemos sido entrenados por imperios sucesivos para la ignorancia mutua, para el divorcio y el odio mutuo. La especialidad latinoamericana es la guerra de vecinos.

Brasil puede argumentar que, puesto que es más grande, debe tener más voz.

Eso parte de la base de que la grandeza coincide con lo grandote. Mi experiencia me enseñado que la grandeza no habita lo grandote. Está escondida en la gente anónima, en el día a día que parece insignificante e indigno de atención. Lo grandote suele ser muy mezquino y de alma chiquita. No quiero decir que Brasil tenga alma chiquita, pero no hay que confundir dónde está la grandeza brasileña, que reside en alguna de sus gentes peor tratadas.

¿Héroes anónimos?

En una charla me preguntaron cuál era mi héroe preferido. Yo dije: “El día que me iba al aeropuerto para iniciar este viaje tomé un taxi, y estuve conversando con el conductor. El taxista trabajaba en el taxi entre 10 y 12 horas, pero después tenía otro empleo. Dormía entre tres y cuatro horas por día para dar de comer a sus hijos. Para él no existían los domingos, ni se acordaba de qué eran”. Ese es mi héroe preferido.

Decía antes que el motor de la historia humana es la contradicción. ¿Cree que hay contradicciones dañinas?

No tiene por qué ser así. Toda contradicción es una señal de movimiento. Lo que sí hay son injusticias objetivamente dañinas. En América Latina, el abismo que separa a los que tienen de los que necesitan, a la minoría dominante de la mayoría dominada, es cada vez mayor. Esta es una región desigual en un mundo cada vez más injusto, donde los hambrientos superan los 1.000 millones de personas.

¿Observa hoy día un cambio significativo en América Latina?

Sí. Está ocurriendo algo muy lindo, que es una suerte de exorcismo colectivo de los viejos demonios. Y de algunos nuevos también. Uno de los que dejó la herencia colonial fue la cultura de la impotencia, que te mete la idea en la cabeza de que “no se puede”. Y eso vale para los países pobres y para los ricos. Porque Venezuela es un país objetivamente rico, tiene petróleo, pero tiene metido adentro ese concepto de la impotencia contra el que ahora se intenta luchar. Es difícil, porque la cultura del petróleo te entrena para comprar y no para crear.

¿Qué quiere decir?

Te entrenan con la idea de que no hay que tomarse el trabajo de crear las cosas si se las puede consumir comprando. Es la cultura de consumo, no de creación. Nace de la cultura de la impotencia, que es la peor de las herencias coloniales. Te enseña a no pensar con tu cabeza, a no sentir con tu propio corazón, y a no moverte con tus propias piernas. Te entrena para andar en silla de ruedas, para repetir ideas ajenas y para experimentar emociones que no son las tuyas.

¿Son diferentes las izquierdas de América Latina?

Hay de todo, por suerte, justamente porque somos diversos. Por eso es muy injusto generalizar, sobre todo cuando la generalización proviene de miradas ajenas, que miran juzgándote, y juzgándote te condenan. Hay un complejo de superioridad que tienen los países dominantes en el mundo, que se sienten en condiciones de obligar a los demás a rendir exámenes de la democracia, que son los grandes maestros para decidir quién es demócrata y quién no, qué procesos están bien y cuáles están mal. Y cuando esos profesores de democracia vienen a juzgarnos, a mirarnos desde afuera y a condenarnos de antemano, están ejerciendo un derecho de propiedad que es uno de los derechos más repugnantes de todos.

¿Qué diferencia hay entre los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia?

Muchas, porque son expresiones de tres países diferentes. La lista de diferencias es interminable. Pero no es tan interminable la lista de las coincidencias de países que están buscando caminos de liberación después de siglos de opresión y de negación de sí mismos. Son experiencias diferentes de tres países que deciden dejar de escupirse al espejo, dejar de odiar su propia imagen, dejarse de mirar con los ojos de los que los desprecian.

¿Qué papel cumple Brasil en esto?

Uno muy importante, pero el problema es la tentación de una palabra abominable: el liderazgo. Todos los países se atribuyen la intención de ejercerlo y esto genera relaciones contaminadas por el orden jerárquico que niega la igualdad de derechos. Yo no quiero que nadie sea mi líder. No quiero mandar ni ser mandado. No nací para obedecer. Nací para ejercer mi libertad de conciencia. No puedo aceptar la idea de que entre las personas o entre los países haya conductores o conducidos. Hay que ir hacia una sociedad de veras libre.

¿Qué opina de la reelección presidencial?

No me gusta mucho, porque implica cierto apego al poder y eso no es aconsejable en ningún ámbito. El poder en sí, aunque sea un poderito, envenena bastante el alma. Sé que hay que ejercerlo, pero sabiendo que es peligroso. El poder genera monarquías, poderes absolutos, voces que sólo escuchan sus propios ecos incapaces de escuchar otras voces.

¿De dónde procede ese intento de perpetuarse en el liderazgo?

En Europa esto lo atribuyen a la herencia del caudillismo en América Latina, al subdesarrollo, a la ignorancia, a nuestra tendencia al populismo y a la demagogia. Pero hay que asomarse a la historia de los países dominantes para ver hasta qué punto ellos han estado sometidos a la voluntad, por ejemplo, de un tipo complemente loco como Hitler. Es inverosímil: en el país más culto de Europa, millones de personas lo aclamaban. Y los líderes de ahora, ¿qué tienen que venir a enseñarnos? Uruguay tiene una democracia más antigua que la mayoría de los países europeos. Y en materia de derechos humanos, conquistó antes que Estados Unidos y que muchos países europeos la jornada laboral de ocho horas, el derecho al divorcio, y la educación gratuita y obligatoria.

¿Por qué no hay apenas relación entre América Latina y África?

Es un escándalo. Eso proviene del sistema educativo y de los medios de comunicación. En la mayoría de países de América Latina hay una influencia africana enorme: en la cocina, el deporte, el lenguaje, el arte. Y sin embargo nosotros, de África, no sabemos nada.

¿Por qué?

Por racismo. Sabemos lo que nuestros amos de siglo en siglo han querido que supiéramos, y de nosotros ignoramos casi todo porque a ellos les convenía. Por ejemplo, no les convenía que supiéramos que aquellos esclavos que llegaron de África cargados como cosas traían sus dioses, sus culturas. De todos modos, el desvínculo con África que nació del racismo y la explotación esclava no es latinoamericano, sino de todas las Américas. Por eso me pareció digna de celebración la elección de Obama, aunque luego lo que ha hecho no me convence demasiado.

¿Qué representa Obama?

Uno de mis maestros, don Carlos Quijano, solía decir: “Todos los pecados tienen redención. Todos menos uno. Es imperdonable pecar contra la esperanza”. Con el tiempo aprendí cuánta razón tenía. Lamentablemente, Obama está pecando contra la esperanza que él mismo supo despertar, en su país y en el mundo. Aumentó los gastos de guerra, que ahora devoran la mitad de su presupuesto. ¿Defensa contra quién, en un país invadido por nadie, que ha invadido y sigue invadiendo a casi todos los demás? Y, para colmo, ese chiste de mal gusto de recibir el Nobel de la Paz pronunciando un elogio de la guerra.

¿Cuáles son, en su opinión, los miedos del siglo XXI?

El arte de narrar nació del miedo de morir. Está en Las mil y una noches. Cada noche, Sherezade iba cambiando un cuento por un nuevo día de vida. Pero también creo que el miedo de vivir es peor que el miedo de morir. Y me parece que el asunto, en este mundo y en este tiempo, es ese: el miedo de recordar, el miedo de ser, el miedo de cambiar. O sea: el miedo de vivir.

¿Ve un ejemplo de ese miedo en la Cumbre de Copenhague?

Los asesinos del planeta derraman de vez en cuando alguna lágrima, para que la platea sepa que también tienen su corazoncito. Pero es puro teatro. Bien saben que los modelos de vida de hoy, que ellos imponen, son modelos de muerte. Me pregunto a qué planeta se mudarán estos elegidos del Señor cuando terminen de exprimir la Tierra hasta la última gota.

3-1-2010

El derecho de la humanidad a existir (Fidel Castro)

El cambio climático está causando ya considerable daño y cientos de millones de pobres están sufriendo las consecuencias.

Los centros de investigaciones más avanzados aseguran que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe irreversible. James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura que un nivel de 350 partes del dióxido de carbono por millón es todavía tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de 390 y se incrementa a ritmo de 2 partes por millón cada año, rebasando los niveles de hace 600 mil años. Las últimas dos décadas han sido, cada una de ellas, las más calurosas desde que se tienen noticias del registro. El mencionado gas aumentó 80 partes por millón en los últimos 150 años.

El hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros de espesor que cubre Groenlandia, los glaciares de América del Sur que nutren sus fuentes principales de agua dulce, el volumen colosal que cubre la Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro, los hielos que cubren el Himalaya y la enorme masa helada de Siberia se están derritiendo visiblemente. Científicos notables temen saltos cuantitativos en estos fenómenos naturales que originan el cambio.

La humanidad puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después del Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor el año 2005. El estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar a bochornosos episodios que requieren el debido esclarecimiento.

Estados Unidos, con menos del 5% de la población mundial emite el 25% del dióxido de carbono. El nuevo Presidente de Estados Unidos había prometido cooperar con el esfuerzo internacional para enfrentar un problema que afecta a ese país tanto como al resto del mundo. Durante las reuniones previas a la Cumbre, se hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de los países más ricos maniobraban para hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y pobres.

Gran número de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales e instituciones científicas decididos a luchar por preservar la humanidad del mayor riesgo de su historia, acudieron a Copenhague invitados por los organizadores de la Cumbre. Omito referirme a detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública danesa, que arremetió contra miles de manifestantes e invitados de los movimientos sociales y científicos que acudieron a la capital de Dinamarca para concentrarme en los aspectos políticos de la Cumbre.

En Copenhague reinó un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles. A los movimientos sociales e instituciones científicas no les permitieron asistir a los debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre vitales problemas. Obama y los líderes de los países más ricos se adueñaron de la conferencia con la complicidad del gobierno danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.

Barack Obama, que llegó el último día de la Cumbre para permanecer allí solo 12 horas, se reunió con dos grupos de invitados escogidos “a dedo” por él y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la sala del plenario con el resto de las más altas delegaciones. Hizo uso de la palabra y se marchó de inmediato por la puerta trasera. En ese plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado por él, se les prohibió a los demás representantes de los estados hacer uso de la palabra. En esa reunión, a los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente de la Cumbre no le quedó otra alternativa que concederles el uso de la palabra, ante el reclamo enérgico de los presentes.

En otra sala contigua, Obama reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los Estados emergentes más importantes y dos muy pobres. Presentó un documento, negoció con dos o tres de los países más importantes, ignoró a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció conferencias de prensa, y se marchó como Julio César en una de sus campañas victoriosas en Asia Menor, que lo llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.

El propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había afirmado el 19 de octubre: “Si no llegamos a un acuerdo en el curso de los próximos meses, no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos. Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde.”

Brown concluyó su discurso con dramáticas palabras: “No podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el planeta no existe un Plan B.”

Ahora declaró con arrogancia que la Organización de Naciones Unidas no debe ser tomada como rehén por un pequeño grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados Unidos para suscribir un documento que lanza al cesto de basura el Protocolo de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno por parte de Estados Unidos y sus aliados ricos.

Me veo obligado a recordar que la Organización de Naciones Unidas nació hace apenas seis décadas, después de la última Guerra Mundial. Los países independientes no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más de 190 Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial dejó de existir por la lucha decidida de los pueblos. A la propia República Popular China durante muchos años se le negó su pertenencia a la ONU, y un gobierno títere ostentaba su representación en esa institución y en su privilegiado Consejo de Seguridad.

El apoyo tenaz del creciente número de países del Tercer Mundo fue indispensable en el reconocimiento internacional de China, y un factor de suma importancia para que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN le reconocieran sus derechos en la Organización de Naciones Unidas.

En la heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética había realizado el mayor aporte. Más de 25 millones de sus hijos murieron, y una enorme destrucción asoló el país. De esa lucha emergió como superpotencia capaz de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se desintegró, Estados Unidos extendió su poder político y militar hacia el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia sobre el resto de Europa se incrementó. Nada de extraño tiene lo ocurrido en Copenhague.

Deseo subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo de la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido con los países participantes.

El Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, en la conferencia de prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una verdad que es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos textuales: “Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, o de naturaleza de Derecho Internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo”

“La Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial. [...] quedó al desnudo la falta de voluntad política…”

“…fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…”

“…el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…”

De inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés sobre las posibles consecuencias de acuerdo a las últimas investigaciones de la ciencia.

“…desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las emisiones de los países desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese volumen el 55% corresponde a Estados Unidos.”

“Un estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales, un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano o caribeño, menos de uno.”

“Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce.”

El hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron el Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones. Quieren sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir de 1990 con la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo emisor, reduciría a solo 3% sus emisiones de 25 años antes. Es una desvergonzada burla a la opinión mundial.

El Canciller cubano, hablando en nombre de un grupo de países del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando el concepto alcanzado en Kyoto de “‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos y los países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados insulares o a las de los países del Sur, sobre todo los países menos desarrollados…”

“Responsabilidades quiere decir financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes pero diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes, pero diferenciadas’.”

“…abandona el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención.”

En una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital danesa, Obama afirma: “Hemos producido un sustancioso acuerdo sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades.”

En su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma: “¿Qué quiere decir eso de que ‘las mayores economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades’? Quiere decir que están descargando un importante peso de la carga que significa el financiamiento para la mitigación y la adaptación de los países sobre todo del Sur al cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos los países llamados eufemísticamente en desarrollo.”

Estas fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro Canciller relata lo sucedido en Copenhague.

Debo añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día 19 de diciembre nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller cubano se habían marchado, se produce el intento tardío de resucitar al muerto de Copenhague como un acuerdo de la Cumbre. En ese momento no quedaba prácticamente ningún Jefe de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la denuncia de los restantes miembros de las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países derrotaron la maniobra. Así finalizó la ingloriosa Cumbre.

Otro hecho que no puede olvidarse fue que en los momentos más críticos de ese día, en horas de la madrugada, el Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que libraban su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez más dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben llevarse a cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.

El grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió que el cambio climático quedaría fuera de control en los próximos 5 a 10 años, si no se recortan drásticamente las emisiones.

Pero no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma sobre lo que hizo Obama.

El Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles 23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario indicó que “‘en vez de ver un total colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…”

Obama -afirma el despacho noticioso- es el más criticado por aquellos países que, de forma casi unánime, sienten que el resultado de la Cumbre fue desastroso.

La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería humillante para muchos Estados.

Continuar la batalla y exigir en todas las reuniones, particularmente las de Bonn y de México, el derecho de la humanidad a existir, con la moral y la fuerza que nos otorga la verdad, es a nuestro juicio el único camino.

Fidel Castro, 27-12-2009.

Extraído de rebelión.org

jueves, 19 de noviembre de 2009

Repetir Lenin (Slavoj Zizek)

La primera reacción pública ante la idea de reactualizar Lenin es, claro, un ataque de risa sarcástica: Marx vale; hoy en día incluso en Wall Street hay gente que le adora - Marx, el poeta de las mercancías; Marx, el que proporcionó perfectas descripciones de la dinámica capitalista; Marx, el que retrató la alienación y reificación de nuestras vidas cotidianas -, pero Lenin, no, ¡no puedes ir en serio! ¿No representa Lenin precisamente el FRACASO a la hora de poner en práctica el marxismo, la gran catástrofe que dejó huella en la política mundial de todo el siglo XX, el experimento de socialismo real que culminó en una dictadura económicamente ineficaz?

[...]

¿En qué punto estamos entonces hoy , de acuerdo con los criterios de Lenin? En la era de lo que Habermas designó como "die neue Undurchsichtlichkeit" ["la nueva opacidad"], nuestra experiencia cotidiana es más mistificadora que nunca: la propia modernización genera nuevos oscurantismos, la reducción de libertad se nos presenta como la llegada de nuevas libertades. La percepción de que vivimos en una sociedad de elecciones libres,en la que tenemos que elegir hasta nuestros rasgos más "naturales" (la identidad étnica o sexual), es la forma de aparición de su exacto contrario, de la AUSENCIA de verdaderas opciones. [...]

En estas circunstancias, habría que poner especial cuidado en no confundir la ideología dominante con la ideología que PARECE imperar. Más que nunca habría que tener en cuenta la advertencia de Walter Benjamin de que no basta con preguntar cómo una teoría (o arte) declara situarse respecto a las luchas sociales; habría que preguntar también cómo funciona efectivamente EN estas propias luchas. En el sexo, la actitud de hecho hegemónica no es la represión patriarcal, sino la promiscuidad libre; [...]

En la actualidad, si uno sigue una llamada directa a actuar, esta acción no se realizará en un espacio vacío, será una acción INSCRITA en las coordenadas ideológicas hegemónicas: los que "realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente" se meten en aventuras (sin duda honorables) como Médicas sin Fronteras, Greenpeace, campañas feministas y antirracistas, que no sólo se toleran sin excepción, sino que incluso reciben el apoyo de los medios de comunicación de masas, aun cuando entren aparentemente en territorio económico (por ejemplo, denunciando y boicoteando empresas que no respetan las condiciones ecológicas o que utilizan mano de obra infantil): se las tolera y apoya siempre que no se acerquen demasiado a determinado límite. Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de interpasividad: de las cosas que se hacen no para conseguir algo, sino para IMPEDIR que suceda realmente algo, que cambie realmente algo. Toda la actividad humanitaria frenética, políticamente correcta, etc., encaja con la fórmula de "¡sigamos cambiando algo todo el tiempo para que, globalmente, las cosas permanezcan igual!". Si los Estudios Culturales predominantes critican el capitalismo, lo hacen de la forma codificada ejemplar de la paranoia liberal de Hollywood: el enemigo es "el sistema", "la organización" oculta, la "conspiración" antidemocrática, NO simplemente el capitalismo y los aparatos estatales. [...] Lo que habría que aceptar es que no hace falta ninguna "organización (secreta) dentro de la organización": la "conspiración" está ya en la organización "visible" como tal, en el sistema capitalista, en el modo en que funcionan el espacio político y los aparatos del Estado.

[...]

Desde luego que aquí hay que establecer una diferencia tajante entre el auténtico compromiso social en beneficio de las minorías explotadas (pongamos, organizar a los trabajadores de campo chicanos empleados ilegalmente en California) y los planteles multiculturalistas/poscoloniales de rebelión intachable, sin riesgos y despachada en seguida que prosperan en los ámbitos universitarios "radicales" estadounidenses. Sin embargo, si, a diferencia de lo que hace el "multiculturalismo corporativo", definimos el "multiculturalismo crítico" como una estrategia que señala que "hay fuerzas comunes de opresión, estrategias comunes de exclusión, estereotipación y estigmatización de los grupos oprimidos y, por consiguiente, enemigos comunes y objetivos comunes de ataque", no veo lo apropiado de seguir usando el término "multiculturalismo", cuando el acento en este caso se desplaza hacia la lucha COMÚN. En su significado habitual, el multiculturalismo se adecua perfectamente a la lógica del mercado global.

Recientemente, los hindúes organizaron en India manifestacones multitudinarias contra la empresa McDonald's, después de que se supiera que, antes de congelar las patatas fritas, McDonald's las freía en aceite extraído de grasa animal (de vacuno); una vez que la empresa hubo cedido en este punto, garantizando que todas las patatas fritas que se vendieran en India no se freirían más que en aceite vegetal, los hindúes, satisfechos, volvieron alegremente a atiborrarse de patatas fritas. Lejos de socavar la globalización, esta protesta cntra McDonald's y la rápida respuesta de la empresa señalaron la perfecta integración de los hindúes en el orden global diversificado.

El respeto "liberal" por los indios resulta, por consiguiente, condescendiente sin remedio, al igual que nuestra actitud habitual hacia los niños pequeños: aunque no les tomamos en serio, "respetamos" sus costumbres inofensivas para no hacer añicos su mundo ilusorio. Cuando un visitante llega a un pueblo local con costumbres propias, ¿hay algo más racista que sus torpes intentos de demostrar hasta que punto "entiende" las costumbres locales y es capaz de seguirlas?

[...]

Además, ¿qué pasa con prácticas como la quema de mujeres después de la muerte de su marido, que forma parte de la MISMA tradición hindú que las vacas sagradas? ¿Deberíamos (nosotros, los multiculturalistas occidentales tolerantes) respetar también estas prácticas? En este caso, el multiculturalismo tolerante se ve obligado a recurrir a una distinción profundamente eurocéntrica, una distinción por completo ajena al hinduismo: toleramos al otro con respecto a las costumbres que no dañan a nadie y en cuanto tocamos alguna dimensión (para nosotros) traumática, la tolerancia se acaba. En suma, la tolerancia es tolerancia al Otro en la medida que este Otro no sea un "fundamentalista intolerante", lo cual no quiere decir más que en la mediad en que no sea el verdadero Otro. La tolerancia es "tolerancia cero" para los verdaderos Otros [...]. Podemos ver cómo esta tolerancia liberal reproduce la operación "posmoderna" elemental de un acceso al objeto desprovisto de sus sustancia: podemos disfrutar café sin cafeína, cerveza sin alcohol, sexo sin contacto corporal directo [...]

La intolerancia es intolerancia hacia lo Real de una creencia. De hecho, el liberal multiculturalista se comporta como el marido proverbial que en principio admite que su mujer tenga un amante, sólo que no ESE tío, es decir, al final, cualquier amante particular resulta inaceptable: el liberal tolerante en principio admite el hecho a creer, al mismo tiempo que rechaza cualquier creencia determinada por "fundamentalista". [...]

Esto nos conduce a otra pregunta más radical: ¿constituye realmente el respeto por la creencia del otro (pongamos, por la creencia en el carácter sagrado de las vacas) el máximo horizonte ético? ¿No es más bien el horizonte máximo de la ética posmoderna, en la que, dado que la referencia a cualquier forma de verdad universal está descalificada como una forma de violencia cultural, lo único que importa en última instancia es el respeto por la fantasía del otro? O por expresarlo de un modo más directo si cabe: VALE, se puede sostener que mentir a los hindúes sobre la grasa de vacuno es algo cuestionable desde un punto de vista ético; sin embargo, ¿significa esto que no cabe argumentar públicamente que su creencia (en el carácter sagrado de las vacas) es ya de por sí una mentira, una flasa creencia?

[...]

por consiguiente, el primer elemento del legado de Lenin que habría que reinventar en la actualidad es la política de la verdad, hipotecada tanto por la democracia política liberal como por el "totalitarismo". La democracia, por supuesto, es el reino de los sofistas: sólo hay opiniones, cualquier referencia por parte de un agente político a alguna verdad definitiva se denuncia como "totalitaria". Sin embargo, lo que imponen los regímenes del "totalitarismo" es también una mera apariencia de verdad: una Enseñanza arbitraria cuya función no es más que la de legitimar las decisiones pragmáticas de los Gobernantes. [...] En lugar de la verdad universal, tenemos una multitud de perspectivas o, como está en boga decir hoy en día, de "narrativas"; [...]

Lo que se pierde en este narrativismo es sencillamente la dimensión de verdad: NO la "verdad objetiva", como idea de la realidad construida desde un punto de vista que de algún modo flota por encima de la multitud de narrativas particulares. Sin la referencia a esta dimensión universal de la verdad, ninguno de nosotros dejamos de ser "monos de un frío Dios" (tal y como lo expresara Marx en un poema en 1841) [...]. El envite de Lenin -hoy en día, en nuestra época de relativismo posmoderno, más actal que nunca- consiste en decir que la verdad universal y el partidismo, el gesto de tomar partido, no sólo so son mutuamente excluyentes, sino que se condicionan de manera recíproca: la verdad UNIVERSAL de una situación concreta sólo se puede articular desde una postura por completo PARTIDISTA: la verdad es, por definición, unilateral. [...] La respuesta leninista al "derecho a narrar" multiculturalista posmoderno debería ser, por lo tanto, una afirmación sin tapujos del derecho a la verdad.




Extraído de "Repetir Lenin", de Slavoj Zizek.

viernes, 13 de noviembre de 2009

20 años... ¿sin muro?

En los años 20/30 del siglo XX implosionaron los modelos liberales en Europa. El comunismo y el fascismo se postularon como herederos y se enfrentaron en una guerra total: la Segunda Guerra Mundial.

La victoria en este conflicto correspondió a la URSS que (no sin pagar un elevadísimo precio en vidas humanas y destrucción de las infraestructuras del país) antes del desembarco de Normandía ya había dado la vuelta al sentido de la guerra al derrotar al ejército alemán en Stalingrado, obligándole a retroceder hasta la frontera rusa. El horror esencial comenzó a sacudir las mentes de los Aliados (nótese que por "Aliados" me refiero a las potencias occidentales aliadas contra los nazis, pese a que en teoría la URSS formaba parte de esos aliados): "¿y si la URSS no solo no es destruida por el régimen nazi, sino que además gana la guerra sin la ayuda de otros ejércitos? ¿Y si resulta que la URSS libera toda Europa y comienza a promover los movimientos antifascistas y comunistas?" Cabe recordar que Hitler nunca hubiese podido invadir la URSS sin el petróleo proporcionado desde Estados Unidos, sobre todo a través de la Standard Oil; que la clasificación de enemigos políticos, judíos, homosexuales, gitanos y demás personas torturadas y salvajemente reprimidas jamás habría podido realizarse con semejante eficacia y eficiencia sin el aporte de IBM; que muchos de los vehículos que utilizaba el ejército alemán estaban producidos por la compañía Ford o la General Motors; que gracias a la represión contra sindicatos y comunistas y a la utilización de mano de obra esclava (prisioneros forzados a trabajar), estas empresas y también Coca-Cola aumentaron vertiginosamente sus ingresos en Alemania durante el régimen fascista; que también la ITT, cuyo fundador y presidente mostraba abiertamente simpatías por Hitler, apoyó a los nazis como luego haría con Pinochet, entre otros...

La sensación de las élites capitalistas, sobre todo las estadounidenses, era la de que los Aliados se estaban enfrentando al enemigo equivocado. Después de todo, Hitler hacía en Alemania lo que sus dirigentes no acababan de atreverse en sus propias casas: reprimía todo el movimiento obrero y protegía las industrias y a sus propietarios. Cuando el Ejército Rojo demostró la capacidad de aquellos que (como diría Primo Levi) aunque con menos recursos, "saben que tienen razón" al luchar, los dirigentes occidentales tuvieron que claudicar de su proyecto antisoviético (que Alemania arrasase ese nefasto experimento y restableciese la normalidad capitalista) y escuchar la petición, ya innecesaria, que Stalin haría unos años antes: la apertura de un segundo frente en Europa que aliviase la presión nazi sobre la URSS.

De esta manera se decidió la invasión de Normandía. El objetivo era "liberar" tanto territorio como fuese posible antes de que llegasen los soviéticos, tratar de evitar una victoria prácticamente unilateral. Acciones como el bombardeo de Dresde (es importante advertir que dicho bombardeo tuvo lugar cuando el Ejército Rojo se acercaba a la ciudad), uno de los mayores crímenes contra la humanidad que se han cometido en la historia, pretendían mandar un mensaje claro a Stalin: cuidado con el poder de los Aliados.

Pero cuando los Aliados "liberaron" Italia, Francia y Grecia no respetaron los pactos alcanzados con la URSS: la élite dominante pronto advirtió que en muchos de los territorios ocupados por el fascismo, los movimientos antifascistas habían adquirido una relevancia política muy importante, y dentro de estos, las tendencias comunistas destacaban como las de mayor peso, especialmente en Italia y Grecia. El horror esencial: si, cumpliendo los pactos firmados durante la guerra (firmados en el momento en que se creía posible que la URSS liberase sola estos países) los Estados capitalistas permitiesen que una delegación soviética discutiese de igual a igual con Estados Unidos e Inglaterra el sistema de postguerra que se iba a implantar en los países liberados por cualquiera de los bandos, corrían el riesgo de alentar o permitir un levantamieto comunista generalizado, al menos en varios lugares de Europa. Acobardados, optaron por desentenderse de los acuerdos internacionales signados y Estados Unidos e Inglaterra decidieron el futuro de los países que ellos liberaban por su cuenta, sin contar con Stalin, lo que un tiempo después significaría que Stalin haría lo propio en Hungría, Rumanía, Polonia...

Aunque los Aliados lo intentaron con tesón y enfrentándose a unidades mucho más reducidas y menos experimentadas que las de frente soviético, fue la URSS la que llegó primero a Berlín. Al contrario de lo que plantea la propaganda oficial, la contribución de norteamericanos, británicos y algunos franceses (recordemos que la mayor parte de Francia fue colaboracionista del régimen nazi a través del gobierno de Vichy) no fue heroica ni desinteresada, ni se trataba de la lucha contra el fascismo, como efectivamente ocurría en el frente del Este. La última baza de la Alemania nazi fue presentarse como el tapón ante los occidentales del verdadero monstruo, el comunismo, y llegó a proponer una alianza que pretendía darle la vuelta al sentido de la guerra para atacar conjuntamente con los Aliados a la URSS. Aunque la historia oficial observa este hecho con desdén, como algo inconcebible que ni se plantearon las élites norteamericanas y británicas, lo cierto es que se lo tomaron en serio. Si bien no llegaron a aceptar tan generosa oferta, los Aliados, sobre todo el ejército de los Estados Unidos, comenzaron a llegar a acuerdos de rendición con unidades del ejército alemán según los cuales dichas unidades permanecerían armadas, comandadas por sus oficiales, esperando tras las líneas norteamericanas por si llegaba el caso. Miles de criminales de guerra se libraron así de ser juzgados. La situación llegó a ser tan dantesca que los norteamericanos también sufrieron bajas por la artillería soviética, que ya cerca del final de la guerra se percató de esta fuga de criminales nada casual y decidió bombardear las rutas de escape que protegían los estadounidenses.

Todo esto viene a confirmar que el final de la Segunda Guerra Mundial estaba marcada por el comienzo de otra: la Guerra Fría. Y esto va a ser un hecho determinante en la construcción de la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana. En los países liberados por la URSS se van a construir "democracias populares" en base a un discurso antifascista, el mismo que fue eliminado por la fuerza en países como Italia (donde tras la "liberación" por parte de los norteamericanos hablaban de "fascismo sin Mussolini") o Grecia, por poner dos ejemplos de los más crueles. Europa se encontraba en guerra civil, en plena efervescencia de la lucha de clases, el modelo capitalista y el modelo soviético comunista se enfrentaban ahora sin ambigüedades, cara a cara. Y el conflicto se veía avivado por el reparto imperial de las influencias que determinaron los pactos alcanzados durante la Segunda Guerra Mundial: países donde el Partido Comunista era muy fuerte pero que debido al reparto quedaban bajo la "influencia" imperial occidental, como puede ser el caso de Grecia, sufrieron una gran represión, así como los países de tendencia liberal-capitalista como Hungría que quedaron en la órbita soviética.

El resultado práctico en Alemania es que se divide en tres zonas, cada una sometida al control de una de las potencias victoriosas en el conflicto: Estados Unidos, Inglaterra y la URSS, si bien más adelante se añadiría la zona francesa, a los que se les perdonaba la contribución que realizó el régimen de Vichy, para lo cual utilizaron la figura de De Gaulle (exiliado en Inglaterra, rescatado para la liberación de París, donde los movimientos antifascistas y comunistas tenían gran peso y se corría el riesgo de que liberasen la ciudad por sí mismos) como parte de la construcción de la imagen de victoria de los Aliados. Posteriormente las zonas aliadas se fusionarán dando lugar a la República Federal Alemana (RFA), mientras que en la zona oriental se constituía la República Democrática Alemana (RDA). Berlín quedaba igualmente partido en dos.

En el año 1953 se produce el primer levantamiento antisoviético en Berlín, auspiciado por los aliados. En el año 1961 se levanta el muro, pero no se hizo ni por sorpresa ni porque los comunistas son gente malvada (pertenecientes a lo que Reagan llamará "imperio del mal"): en este año un marco alemán occidental valía cuatro orientales, la RFA tenía en sus manos la economía de Berlín Este y de toda la RDA, lo que a partir de los años 70 se hará evidente. Por otro lado, los productos básicos y de primera necesidad estaban altamente subvencionados en la RDA, por lo que muchos occidentales cruzaban la frontera para hacer sus "compras". Además se comienza a producir el efecto llamada del capitalismo: amparado y potenciado por Estados Unidos, que pretendía hacer del sector occidental de Berlín un escaparate del capitalismo que atrajese a la población oriental, la propaganda se traduce en constantes fugas y huidas, potenciadas y provocadas también por la represión que se desata desde que Truman decide pasar a la diplomacia nuclear. Los ciudadanos de la RDA veían la televisión proveniente de la RFA, escuchaban su radio, recibían los mismos anuncios... de tal forma que acabaron por medir su nivel de consumo con lo que veían que eran capaces de adquirir los ciudadanos de la RFA. Pese a que el nivel de vida en Alemania Oriental era sensiblemente superior al de Polonia o Hungría, la propaganda capitalista supo introducirse como baremo "objetivo" de consumo (y de nivel de vida como medida asociada al consumo), provocando un fuerte sentimiento de privación relativa en la sociedad de la RDA. Así comenzó el sueño de poder viajar, acceder a películas porno y coches de lujo, lo que tras la caída del muro no sigue siendo más que una quimera para la mayor parte de la población de lo que fue el sector oriental.

Con la llegada de Gorbachov al poder en la URSS se da comienzo a los procesos de reestructuración y transparencia ("perestroika" y "glasnost"). En el ámbito internacional, el keynesianismo está en plena crisis y los gobiernos conservadores de Reagan y Tatcher parecen haberse hecho con las riendas del mundo capitalista, desmontando e incitando (u obligando a través de organizaciones internacionales, planes de ajuste, golpes de Estado...) a desmontar el Estado de bienestar por todo el globo. El capitalismo estaba, pues, adaptándose a otra de las crisis que sus propias contradicciones generan. Sin embargo, la URSS no va a ser capaz de adaptarse a su propia crisis: la introducción de planteamientos empresariales y el reconocimiento de sucesos como el de Chernobyl o los crímenes de Stalin destruyen la moral ciudadana, deshaciendo los vínculos sociales que unían a los ciudadanos de distintas nacionalidades, lo que a su vez provoca un mayor desencanto y rechazo. No en vano Gorbachov es repudiado en su propio país mientras es amado y venerado en occidente.

La caída del bloque soviético implicaba necesariamente el fin de las dos Alemanias, en teoría ya no había un choque entre dos visiones del mundo. La propaganda capitalista no tardó en apuntarse el tanto: Friedman aseguraba que la caída del muro era la demostración de que era necesario menos gobierno en la economía y en la sociedad, Fukuyama comenzó a hablar del fin de la historia, Tatcher comienza a decir que no hay alternativa al capitalismo... El capitalismo se proclamaba vencedor a sí mismo, pero no fue el capitalismo el que tumbó el muro de Berlín. Ese muro lo destruyeron los ciudadanos de la RDA que se quedaron allí, que no huyeron para granjearse un futuro envuelto en lujos, sino que se quedaron en Berlín y se la jugaron una última vez a ser brutalmente reprimidos por las autoridades locales. Gritaban "¡nosotros somos el pueblo!" mientras avanzaban con mazas y taladradoras a romper el muro. Fue esta ciudadanía labrada en la RDA la que, con valores de izquierda y no capitalistas como hoy se repite una y otra vez desde los grandes medios de comunicación, destruyeron el muro de Berlín.

El principal error de los gobiernos del Este fue no confiar en sus pueblos y en la participación política, lo que acabó por significar la estatización de la vida pública y la economía. El partido sustituyó a la sociedad, el comité central al partido y el secretario general al comité central. Esto fue lo que derribaron aquellos ciudadanos. Pero es algo que los capitalistas, vencedores de la Guerra Fría, no van a reconocer hasta que a su vez sean derrotados.

Cayó un muro, se levantaron cientos. No hablo solamente de muros físicos, como pueden ser el de Estados Unidos en la frontera con México o el Israelí en Palestina, mucho más grandes y sangrientos que el soviético (se estima que murieron alrededor de 130 o 160 personas tratando de cruzar el muro de Berlín), o el de España en Ceuta y Melilla, expresión de la voluntad de seguir subyugando al resto del mundo a las demandas de nuestro consumo privado. El capitalismo ha construido muros invisibles, etéreos, no palpables, entre los individuos, las clases y los países. Ahora todo el globo trabaja para la acumulación del capital de las clases más pudientes. Si la URSS trataba de impedir la huida de sus ciudadanos del bloque soviético al capitalista, el capitalismo ha encontrado un sistema mejor para impedir que sus ciudadanos huyan: han construido su muro alrededor del globo, han conquistado el planeta entero, por lo que el enemigo necesariamente está dentro de su territorio. Por eso es necesario aislar a los individuos críticos y anticapitalistas, a grupos enteros si es necesario, o a países enteros si las élites regionales no han sido capaces de controlar el brote. Mientras que la ciudadanía de la RDA fue capaz de tumbar su barrera, el Talón de Hierro no ofrece salidas, ha cerrado bien sus espacios vacíos, despolitizando el mundo y convirtiendo todo en mercancía nos ha convencido de que o te conviertes en un ladrillo del muro, o te estrellas contra él. ¿Podremos, algún día, derribarlo?